Una luciérnaga azul y tú,
¿no ves que hay una luz
en el fondo de
mi corazón?

{I. Ferreiro y Q. González}


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La realidad



Sí, detenida;
nunca como desamor,

nunca huida, jámas como sueño, nunca sólo como

el deseo.

En esta hora

del mediodía, blanca, preciosa, pura, limpísima;

en esta transparente hora del día completo.


Lo mismo que podría ser por la noche.

Porque siempre existes.
He soñado mucho. Toda mi vida soñando. Toda mi
vida
tentando bultos, confesando bultos.

Toda mi vida ciego dibujando personas.


Recuerdo aquel amor: ¿era amor?
Recuerdo aquel corazón. ¿Tenía la forma del corazón?

Recuerdo aquella música que yo pretendía escuchar

en un pecho.

Me quedaba dormido sobre un pecho cerrado.

Y soñaba el hermoso color del amor en el
corazón latidero.

Tenté bultos, indagué cuidados:
escuché el sonido del viento,

nocturnamente azotando, fingiendo, tomando de

pronto la forma de un cuerpo,

adelantando una mano; y oía su voz. Y mi nombre.

Y se oía...

Pero no oía nada.

Así, por la vida;

por todos los libros;
por las arenas; entre la mar; en las cuevas; debajo del
tiempo...


Siempre soñando, o callando.

Destrozado de ropas. O vestido de nuevo.
O agolpando de pronto sobre una roca, desnudo,
insumiso.

Pero engañándome.


Y hoy,
aquí, en este cuarto con sol,
con delicado sol casi doméstico;

hoy, detenido,

aquí, con la ventana abierta, esperando.
Pero no esperando lo que nunca llega.
Porque tú si llegas. Porque un instante te has

ido y vuelves.

Vuelves y te veo llegar sobre un fondo de pared
blanca.
En un jardín. Y te veo llegar entre acacias muy

verdes,

con olor vivo, y sonidos...

Nunca como desamor,

nunca como el afán,

jamás sólo como el deseo.

Sino con tu dibujo preciso

que yo no tengo
que trazar
con mi sueño...


Nadie como Aleixandre para hablar de sentimientos y de esa eterna espera que nunca acaba, que nunca llega.

Y es que hoy siento que esoy cansada de andar por la vida siempre soñando, o callando. Siempre buscando en todos los libros, en todos los sitios aquello que nunca llega, pero que siempre existe.

Como dice el poema: "toda mi vida tentando bultos... dibujando personas"

¡DIBUJÁNDOTE!


Estoy cansada y no quiero seguir buscando, ni imaginando, ni siquiera soñándote...


No quiero recordar aquel amor, no quiero recordar si tenía o no forma de corazón, no quiero recordar aquella música de tu pecho que quizás nunca llegué a oír, aunque me empeñase en ello.
No quiero seguir recordándote como desamor, ni como afán, ni siquiera como deseo... solamente quiero trazar mis sueños azules y ser feliz.





Carta a mi madre



CARTA A MI MADRE


Recibí tu carta 20 días después de tu muerte y
cinco minutos después de saber que habías muerto /
una carta que el cansancio, decías, te
interrumpió / te habían visto bien por entonces /
aguda como siempre / activa a los 85 de edad
pese a las tres operaciones contra el cáncer
que finalmente te llevó /

¿te llevó el cáncer? / ¿no mi última carta? / la
leíste, respondiste, moriste / ¿adivinaste que me
preparaba a volver? / yo entraría
a tu cuarto y no lo ibas a admitir / y nos
besábamos / nos abrazamos y lloramos / y nos
volvemos a besar / a nombrar / y estamos juntos /
no en estos fierros duros /

vos / que contuviste tu muerte tanto tiempo / ¿por
qué no me esperaste un poco más? / ¿temías por
mi vida? / ¿me habrás cuidado de ese modo? /
¿jamás crecí para tu ser? / ¿alguna parte de tu
cuerpo siguió vivida de mi infancia? / ¿por eso
me expulsaste de tu morir? / ¿como antes de vos? /
¿por mi carta? / ¿intuiste? /

nos escribimos poco en estos años de exilio /
también es cierto que antes nos hablamos poco /
desde muy chico, el creado por vos se rebeló de
vos / de tu amor tan estricto / así comí rabia y
tristeza / nunca me pusiste la mano encima para
pegar / pegabas con tu alma / extrañamente
éramos juntos /

no sé cómo es que mueras / me sos / estás
desordenada en mi memoria / de cuando yo fui
niño y de pronto muy grande / y no alcanzo a fijar
tus rostros en un rostro / tus rostros en un aire /
una calor / un aguas / tengo gestos de vos que son
en vos / ¿o no es así? / ¿imagino? / ¿o quiero
imaginar? / ¿recuerdo? / ¿qué sangres te repito? /
¿en qué mirada mía vos mirás? / nos separamos
muchas veces /

nací con 5.5 kilos de peso / estuviste 36 horas en
la cama dura del hospital hasta sacarme al
mundo / me tuviste todo el tiempo que tu cuerpo
me pudo contener / ¿estabas bien conmigo
adentro? / ¿no te fui dando arrebatos,
palpitaciones, golpes, miedos, odios,
servidumbres? / ¿estábamos bien, juntos así, yo
en vos nadando a ciegas? / ¿qué entonces me
decías con fuerza silenciosa que siempre fue
después? / debo haber sido muy feliz adentro
tuyo / habré querido no salir nunca de vos / me
expulsaste y lo expulsado te expulsó /

¿ésos son los fantasmas que me persigo hoy
mismo / a mi edad ya / como cuando nadaba en tu
agua? / ¿de ahí me viene esta ceguera, la lentitud
con que me entero, como si no quisiera, como si
lo importante siga siendo la oscuridad que me
abajó tu vientre o casa?/ ¿la tiniebla de grande
suavidad? / ¿dónde el lejano brillo no castiga con
mundo piedra ni dolor? / ¿es vida con los ojos
cerrados? / ¿por eso escribo versos? / ¿para volver
al vientre donde toda palabra va a nacer? / ¿por
hilo tenue? / la poesía ¿es simulacro de vos? / ¿tus
penas y tus goces? / ¿te destruís conmigo como
palabra en la palabra? / ¿por eso escribo versos? /
¿te destruyo así pues? / ¿nunca me nacerás? / ¿las
palabras son estas cenizas de adunarnos? /
¿nos separaste muchas veces? / ¿eran separaciones? /
¿formas para encontrarse como primera vez? /
¿ese imposible nos hacía chocar? / ¿eso me
reprochabas en el fondo? / ¿por eso eras tan triste
algunas tardes? / tu tristeza me era insoportable /
a veces quise morirme de eso todavía / ¿ya tenía
mi pedazo de vida para ocuparme de él? / ¿como
animal cualquiera? / ¿ya soy triste por eso? / ¿por
tu tristeza ofende la injusticia / escándalo del
mundo? /

siempre supiste lo que hay entre nosotros y nunca
me dijiste / ¿por culpa mía? / ¿te reproché todo el
tiempo que me expulsaras de vos? / ¿ése es mi
exilio verdadero? / ¿nos reprochamos ese amor
que se buscaba por separaciones? / ¿encendió
hogueras para aprender la lejanía? / ¿cada
desencontrarnos fue la prueba del encuentro
anterior? / ¿así marcaste el infinito? /

¿qué olvido es paz? / ¿por qué de todos tus rostros
vivos recuerdo con tanta precisión únicamente
una fotografía? / Odessa, 1915, tenés 18 años,
estudiás medicina, no hay de comer / pero a tus
mejillas habían subido dos manzanas (así me lo
dijiste) (árbol del hambre que da frutas)/ esas
manzanas ¿tenían rojos del fuego del pogrom que
te tocaba? / ¿a los 5 años? / ¿tu madre sacando de
la casa en llamas a varios hermanitos? / ¿y muerta
a tu hermanita? / ¿con todo eso / por todo eso /
contra / me querés? / ¿me pedías que fuera tu
hermanita? / ¿así me diste esta mujer, dentro /
fuera de mí? / ¿qué es esta herencia, madre / esa
fotografía en tus 18 años hermosos / con tu largo
cabello negriazul como noche del alma / partida
en dos / ese vestido acampanado marcándote los
pechos / las dos amigas reclinadas a tus pies / tu
mirada hacia mí para que sepa que te amo
irremediablemente? /

¿así viaja el amor de ser a antes de ser? / ¿de ser
a sido en tu belleza? / ¿viajó de vos a mí? / ¿viaja
ahora / morida? / nada podemos preguntar sino
este amor que todo el tiempo nos golpeó / con su
unidad irrepetible / ¿para que no olvidemos el
dolor? / ¿los dos niñitos del mercado de Ravelo
con una gallinita en los brazos, ofreciendo barato
y con gestos de madre, casi recién salidos de sus
madres? / ¿por qué te apareciste en el mercado
boliviano? / ¿en cada pena estás? / apagabas el sol
para dormirme /

¿podés quitarme vida?/¿ni quitártela yo?/
¿castigabas por eso?/desciendo de tus pechos/tu
implacable exigencia del viejo amor que nos
tuvimos en las navegaciones de tu vientre/
siempre conmigo fuiste doble/te hacía falta y me
echaste de vos/¿para aprender a sernos otros?/
cada mucho nos dabas un momento de paz:
entonces me dejabas peinarte lentamente y te ibas
en mi y yo era tu amante y más/¿tu padre?/¿ese
rabino o santo?/¿que amabas?/¿más que a mi?/
¿me perseguías porque no supe parecerme a él?/
¿y cómo iba a parecerme?/¿no me querías otro?/
¿lejos de ese dolor?/¿por qué tan vivo está lo
que no fue?/¿nunca junté pedazos tuyos?/¿cada
recuerdo se consume en su llama?/¿eso es la
memoria?/¿suma y no síntesis?/¿ramas y nunca
árbol?/¿pie sin ojo, mano sin hora?/¿nunca?/
¿saliva que no moja?/¿así atan los cordones del
alma?/¿vos sos dolor, miedo al dolor?


Juan Gelman




El otro día, en clase, un profesor de literatura hispanoamericana nos leía esta carta que el ganador del Premio Cervantes escribió a su madre durante su encarcelamiento.

El poema es realmente sobrecogedor, o al menos a mí me lo pareció.
Desde la primera lectura me hizo reflexionar y pensar en la extraña y mágica relación que nos mantiene unidos a nuestra madre. Al fin y al cabo somos un pedacito de ellas.

Y este profesor nos habló de los dos grandes momentos que se supone que todos debemos vivir:
- Asistir al nacimiento de un hijo.
- Asistir al momento de la muerte de nuestros padres.

Según él, si no estamos en estos dos momentos, nuestra vida queda incompleta. Por eso, el gran "trauma" de este poema es la privación de un hijo de asistir a la muerte de su madre.
A la muerte del otro pedacito de él.

Yo creo que no sería capaz. No soy fuerte, aunque me empeñe en hacerme creer que sí. No soy fuerte y no podría asistir (espero que dentro de mucho, muchisimo, muchisimo, tiempo) a un momento así.



Idilio en el café





IDILIO EN EL CAFÉ

Ahora me pregunto si es que toda la vida
hemos estado aquí. Pongo, ahora mismo,
la mano ante los ojos -qué latido
de la sangre en los párpados- y el vello
inmenso se confunde, silencioso,
a la mirada. Pesan las pestañas.

No sé bien de qué hablo. ¿Quiénes son,
rostros vagos nadando como en un agua pálida,
éstos aquí sentados, con nosotros vivientes?
La tarde nos empuja a ciertos bares
o entre cansados hombres en pijama.

Ven. Salgamos fuera. La noche. Queda espacio
arriba, más arriba, mucho más que las luces
que iluminan a ráfagas tus ojos agrandados.
Queda también silencio entre nosotros,
silencio
y este beso igual que un largo túnel.


Jaime Gil de Biedma.
EL POETA QUE QUERÍA SER POESÍA.












Hoy viendo las fotografías de este artista de las imágenes recordé a este gran maestro de la palabra. Los poemas de Gil de Biedma transmiten tanto...

Vicente Aleixandre


Yo mismo, si, yo y no otro.
Yo las oí. Sonaban como las demás. Daban el mismo
sonido.
Las decían los mismos labios, que hacían el mismo
movimiento.
Pero no se las podía oír igual. Porque significaban;
las palabras
Significan. Ay, si las palabras fuesen sólo un suave
sonido,
Y cerrando los ojos se las pudiese escuchar en el
sueño…


Vicente Aleixandre.







Porque inevitablemente, todas las palabras significan, pesan, ilusionan, enamoran... pero también se clavan en el corazón y duelen y hacen derramar muchas lágrimas injustas.

Son esas las palabras que nunca se lleva el viento, porque el viento sólo se lleva las palabras de las falsas promesas y los falsos sentimientos.

Todo lo verdadero siempre permanece, aunque hiera.